Recalculando

Dirígete al este y gira ligeramente a la derecha, a doscientos metros, tu destino se encuentra a la derecha.


¡JA,JA,JA!


Si supiera dónde cojones está el este y que por fin, mi destino se encuentra ahí, dejaría de confundir la izquierda con la derecha, lo juro.


Hay días que nos falta océano para contener tantas lágrimas, algunas de tristeza y otras de saudade, como lo llaman aquí, la tan ansiada nostalgia feliz.


No la conozco, pero para futuros encuentros, encantada de saludarte.


Hay abrazos que recorren distancias incalculables, besos que causan quemaduras de tercer grado y hay amores, que es mejor convertirlos en odio, para seguir viviendo.


Hay que estar muy loc@, para viajar sin billete de vuelta allá dónde el ruido no nos llegue.

Las probabilidades de que no quieras volver, son altísimas...


Aún no he encontrado la distancia necesaria para que no me llegue esa canción, que siempre acabo cantando, aunque no me sepa la letra.


Con los años, aprendes que solo hay tres cosas imprescindibles que necesitas en la  maleta, bragas limpias, expectativas y resiliencia. 


Todavía quedan ganas de mirar y de que te miren diferente.


Y es que todos sabemos, que las miradas furtivas se convierten en promesas implícitas.


Hemos dejado que la poesía pase de moda y con ella, la inminente muerte de que las palabras fluyan.


Hoy en día, una mujer sola, leyendo en una cafetería, les aterra más a ellos que a nosotras.


No puedo evitar, esa media sonrisa malévola, hemos perdido la vergüenza a la “soltería” mientras que ellos, se han llenado de vergüenza al miedo.


A dos metros de mí, no sabes ser, pero me encuentras en Instagram o Tinder y fluye el fuego, que pereza más absoluta…


¿Por qué no jugamos a atrever atrevernos?


Con tantos movimientos en la partida, nos olvidamos, que cada movimiento puede ser el último y entonces que…


Es decir, me has incinerado en vida, con tanto fuego virtual, que cuando me marche, me iré con déficit de besos y con la piel intacta.


Triste y real.


Tranquilos, a veces podéis tener ese golpe de suerte, en el que dejamos el libro sobre la mesa, nos acercamos y cuánto dejamos de contener la carcajada, os devolvemos una mirada seguido de un …


¿Tomamos un café?


Así que toca recalcular, la ruta, la distancia y el destino final.


Y es que hoy puede ser un gran destino final o un principio prometedor.


Porque aunque no sepa dónde cojones se encuentra el este, no pierdo el norte nunca de vista y con ello, las ganas y las expectativas de que el día acaba, cuando yo lo decido.


Hoy decido que el día dure cuarenta y ocho horas, porque llorar en medio del Pacífico, es la consecuencia nefasta que quiero y espero, para todas mis futuras decisiones igual de nefastas.


Cambio y corto.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias tanto si te ha gustado, como si no.

TRANSLATE

COMENTA CON LA AUTORA

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *