Al otro lado

​Estoy de espaldas al mar, porque mirarte de frente me lleva a buscarte en mis recuerdos, y no me lo permito. Principalmente porque no lo mereces y, menos aún, lo merezco yo.

​Esta sería la perfecta introducción para cualquier carta de despedida.

​El problema es que, antes de irte, yo ya me había marchado.

​Y esto, amig@s, es lo que no entienden las personas que nos obligan a vivir de espaldas al mar porque han decidido vivir con miedo.

​Hay personas adictas a vivir saltando en el trampolín de una piscina vacía y hay otras, que estamos tan enamoradas de la suerte,que estamos dispuestas a cruzar nadando al otro lado, por si acaso está ahí escondida la felicidad o en su defecto, esa sonrisa que llena de agua la piscina vacía.

​La felicidad nunca tiene nombre propio, ni pronombre; no es él, ella o elle. La felicidad está en nosotros, valientes y decididos.

​La felicidad es para los que prueban suerte por si acaso.

​Así que, por si acaso estás al otro lado y aún no has decidido mojarte, saltar o nadar contracorriente, si el miedo es más grande que las ganas...

​Hazte la siguiente pregunta:

​— ¿Qué ocurrirá, cuando llegue el día, en que al otro lado, ya no haya nadie por quien ser valiente?

​La vida siempre tiene un plan.

​¿Cuál es el vuestro Hortelanos?

​Seguimos escribiendo...

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