La aceptación, es muerte, la muerte trae consigo un duelo y el duelo, duele.
¡Tiene que doler!
Es increíble como nos duelen las historias que no han tenido un final y cuando nos lo dan, y no es el final feliz que habíamos imaginado, la ausencia de final, no nos parecía tan malo.
El abandono, el que se marchen sin reparar en tí, en tus sentimientos o en tus circunstancias, creo que está en el top 10 de crueldades imperdonables entre los seres humanos.
Cuando te abandonan, sin una explicación, todo tu ser reacciona. Es increíble cómo la mente te prepara creando un aluvión de imágenes y situaciones ficticias que han podido ser la causa inminente de ese desenlace. Hay tanto donde elegir, sería él, sería yo, serían otras, sería el tiempo, sería, fue, pudo haber sido…
La película se escribe sola.
Tenemos la causa del problema, el planteamiento, la solución…
¿Pero y el final?
Tu mente te ha dado dos millones de probabilidades de porque esa persona se ha ido de tu lado, pero única y exclusivamente, ha creado un posible final.
Si vuelve, si tiene el valor, la humanidad, las pelotas y la decencia como ser humano, solo puede ser por una razón:
-Me quiere, se ha dado cuenta, de que me quiere...
Y este es el puto motivo por el que mi terapeuta puede tener dos casas y yo no.
La idealización de las situaciones traumáticas, el optimismo inusitado y el aprendizaje infinito.
Está en nuestro ADN, el ser humano no puede aceptar que no exista una motivación lógica para justificar las cosas que pasan.
Pero esto no es ciencia, es lógica aplastante.
SI SE FUE, NO TE QUERÍA, NUNCA SE ENAMORÓ. FIN
Así que aceptemos de una vez por todas, que si no se enamoraron mientras les hacíamos un trabajito de primera, no lo harán con el tiempo, la distancia y viviendo de recuerdos, mientras follan como deporte de riesgo con quien sea y como sea.
Así que mucho cuidado con desear que todo tenga un final, que todo tenga una explicación y que quién se marchó sin más, vuelva, porque seguramente, acabes repitiendo el duelo dos veces con el mismo cadáver.
Todo el mundo tiene derecho a soñar con un final feliz, una realidad en la que si volvía para quedarse ,dónde todo lo malo se evapora para siempre y todo el dolor habría merecido la pena.
Por ello, mi consejo, es que las películas de amor es mejor no verlas hasta el final, siempre decepcionan cuando no se cumplen las expectativas.
“ Y es que tú y yo, en mi cabeza nos llevábamos genial. Habíamos descubierto, que entre mis piernas y la cordura, tú podrías caber. Pero has decidido marcharte en mitad de esta locura y me has dejado bailando sola, conmigo y tu recuerdo”
Hasta siempre.